Crónicas de una vida ; Un nuevo mundo ; capitulo I

Publicado: 2 julio, 2012 de muggythrull en Relatos

Cápitulo I

¿Sabéis eso que dicen que cuando estas a punto de morir, ves tu vida pasar ante tus ojos? Pues es cierto. El problema surge cuando has tenido más de una vida…..Pero para que lo entendáis bien, tengo que empezar desde el principio.

Me llamo Tull y nací por primera vez hace unos 6.000 años, a millones de kilómetros de la Tierra, en un planeta llamado Lantia.

Hace aproximadamente unos 10.000 años, nuestros ancianos, el grupo de sabios que dirigía a nuestro pueblo, aconsejaron que se enviarán expediciones a esta zona de la galaxia, La Vía Láctea, con el objetivo de encontrar un planeta viable para nuestra supervivencia en caso de tener que huir del nuestro. Tras unos años de búsqueda, y varios miles de planetas desechados, se encontró la Tierra y se envió una gran expedición que se instaló allí.

A la cabeza de dicha expedición, y por  voluntad propia, estaba Zoll, el amado dirigente de nuestro pueblo, comandante de nuestro ejército, creador de las alianzas con los habitantes de Pandra y Anún, y el último que habló con los ancianos antes de perder contacto con ellos a los pocos meses de instalarse en la Tierra.

Nuestra historia nos cuenta que hubo una rebelión… ciertos pueblos terrícolas pensaron que los de mi pueblo eran dioses, y esa supuesta superioridad pudo con varios de los nuestros. Algunos, esclavizaron a ciertos pueblos, otros se dejaban venerar. Los demás, simplemente, permanecieron escondidos.

Tras varios conflictos, terminaron entablando guerras los unos contra los otros, hasta que, finalmente, debilitados y sin un gran número de supervivientes, un grupo de esclavos se armó de valor y acabó con todos ellos.

Miles de años después, volvimos. Según me contó una vez mi madre, nuestro pueblo tuvo que huir de nuestro planeta amenazado por una raza que buscaba nuestro exterminio. Los Viriis, un pueblo que habita en lo más profundo del universo cuya existencia se basa en asentarse en planetas ricos en agua y minerales. Si dichos planetas se encuentran habitados por otras razas inteligentes, no dudan en exterminarlos a todos.

Los ancianos decidieron mandar un grupo a la Tierra. Ya lo conocíamos, era viable para nosotros y estaba bastante alejado del nuestro… además, a los Viriis les costaría miles de años llegar, ya que tendrían otros planetas más cercanos a los que dejar sin vida.

Mi familia y yo – recién nacido – , junto con miles de Lantianos, huimos hacia este, vuestro planeta, y nos establecimos en un pequeño continente, en mitad de un gran océano, rico en agua dulce y vegetación, sin población humana, un continente virgen que estaba aún por descubrir por vuestros antepasados. En él, construimos la ciudad y, en recuerdo a nuestra tierra, la llamamos Atlántida.

Esta vez, llegamos dispuestos a no repetir los errores del pasado. Decidimos mantenernos alejados de los humanos en la medida de lo posible y, en caso de llegar a interactuar con ellos, tratarlos como nuestros iguales.

Prosperamos durante cientos de años. Una gran ayuda fue el hecho de que nuestro planeta tarda más tiempo en dar la vuelta a nuestro sol y por lo tanto nuestra longevidad es mayor a la vuestra. Además, no teníamos enemigos aquí y nuestra tecnología era sobradamente superior a la de los terrícolas.

Teníamos intercambios de animales, minerales y alimentos con varios pueblos que llegaban a nuestras costas, bien porque se habían perdido, o porque buscaban otros pueblos para realizar trueques. Así, con pueblos como los situados al este (rodeado de un gran desierto) y al oeste (rodeado de una gran selva), tuvimos una gran relación de amistad. A cambio de mantener el secreto de no decirle a nadie nuestra localización, decidimos ayudarles en aspectos como la medicina, la arquitectura, la escritura y el lenguaje. Nuestras creencias provenían de nuestro planeta y de las estrellas y no tardaron mucho tiempo en hacerse a ellas aunque con ligeros matices. En el centro de nuestra ciudad, reinaba una gran pirámide. En su interior, se encontraba un gran ordenador que usábamos, entre otras cosas, para rastrear posibles señales de supervivientes de nuestro planeta y vigilar el espacio. También servía de baliza para que nuestra gente supiera de nuestra localización el día que pudieran volver a reunirse con nosotros.

El resto estaba formado por edificios no muy altos. La mayoría eran de dos alturas, hechos de adobe y piedra, para no llamar la atención de los extranjeros. Estábamos rodeados por una muralla que daba forma circular a la ciudad. El río que nos suministraba el agua dulce, lo habíamos desviado de tal manera que entraba por el oeste e iba bañando las tres divisiones que hicimos para protegernos. De esta manera, la ciudad quedaba en el centro y estaba rodeada de tres anillos de un kilómetro de ancho de tierra fértil, donde cultivar nuestras cosechas y criar nuestro ganado. El río desembocaba en el mar por el este. De esta manera, los comerciantes extranjeros nunca entraban más allá de lo necesario, se mantenían en los arcos exteriores, y así conservábamos ocultas las naves en las que habíamos llegado y podíamos tener privacidad para desarrollar nuestra cultura entre los nuestros.

Una muestra de nuestra superioridad tecnológica con respecto a la de los terrícolas, eran nuestros Ziú: Pequeños aeroplanos monoplazas que usábamos para cubrir grandes distancias, ya fuera para explorar o para viajar a los continentes vecinos para realizar nuestros trueques. No obstante, debíamos tener cuidado para que estos transportes no fueran vistos por los terrícolas. Debíamos ser sus iguales.

Y aquí comienza mi historia…

Un día, me encontraba camino a los pueblos del oeste – como había hecho tantas otras veces -, cuando nada más llegar a tierra, vi en el cielo una pequeña nave con forma cilíndrica y un extraño dibujo bajo lo que parecía ser la cabina de control, que provenía del espacio y que descendía hacia un río.

Aterricé en una pequeña explanada y escondí mi Ziú entre unos árboles. Caminé hacia donde pensé que se encontraría la nave, manteniendo una gran distancia que me permitiera observar sin ser visto y vi salir de ella a cuatro seres de aproximadamente 2 metros de altura, vestidos con lo que parecía ser un traje biomecánico de color gris. Sin duda, eran Viriis. Aunque no los había visto nunca en persona, los había estudiado en la gran pirámide. Estaba seguro, eran ellos.

Agazapado entre los árboles, los estuve vigilando durante lo que parecieron horas. Recogían muestras del río y la tierra. Examinaban la vegetación a su alrededor. Cazaron vivos varios animales e insectos. Cuando parecía que ya estaban satisfechos con sus investigaciones y se marchaban, ocurrió algo inimaginable: Salió otro ser de la pequeña nave. Era diferente a los Viriis que había estado observando. En un principio, sólo pude verle de espaldas… Tenía un aspecto semejante al de mi pueblo o los terrícolas con los que habíamos tenido contacto, tanto en talla como morfología y complexión. Observaba a los otros tripulantes de la nave. Finalmente, tras unos instantes observándole, se dio la vuelta y pude ver su rostro…

¡¡¡ Era Zoll!!! , la cicatriz de la cara era inconfundible.

Pero no podía ser, estaba muerto. Hacia miles de años que había muerto. Según lo que había estudiado en la pirámide, falleció en las revueltas con los humanos. Él no era de los pocos supervivientes. Pero lo que más me preocupaba era su relación con los Viriis. Si realmente era él, ¿Qué hacía con los Viriis? ¿Cómo había sobrevivido? ¿Dónde había estado todo este tiempo? ¿Nos había traicionando?

Mientras seguía vigilando, Zoll hablaba con uno de ellos. Acto seguido, los cuatro Viriis se montaron en la nave y la hicieron despegar, dejando a Zoll a orillas del río. Cuando vio que la nave había desaparecido de la vista, se acercó al río y comenzó a vadearlo como si buscara algo. Varias veces se agachó para coger algún objeto que rápidamente desechaba con gesto furioso. Finalmente, tras un rato escrutando, pareció encontrar lo que buscaba. Era algo pequeño, desde mi posición no alcanzaba a distinguirlo, pero pude observar cómo lo ataba en una pequeña cuerda que se colgó al cuello con un gesto de triunfo.

Parecía que se marchaba ya, cuando una bandada de pájaros que huía de un halcón, sobrevoló las copas de los árboles que cubrían mi posición, cosa que llamó su atención y no tardó ni un segundo en  dirigir su mirada hacia donde me encontraba.

–  Creo que no me ha visto – me dije a mí mismo.

Tras unos segundos, que me parecieron horas, durante los cuales los latidos de mi corazón parecían querer descubrir mi posición, Zoll apartó la mirada y se metió en el bosque.

Tras asegurarme de que se había marchado, decidí abandonar mi escondite e irme a casa para informar de los hechos acontecidos.

Cuando me dirigía a mi  Ziú, una penetrante voz salió de entre los árboles.

–  ¡¡ Lantiano, espera!!

Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Me giré lentamente y a mi espalda estaba él, Zoll.

Tenía un porte orgulloso. Su complexión hacía indicar que en otra época había tenido un físico  admirable, pero ahora estaba delgado y envejecido. Poseía unos rasgos duros, de expresión estricta.

–  ¿Dónde vas, Lantiano? – me dijo.

Su voz sonaba rasgada y cansada. Sus ojos, estaban ensangrentados, sus dientes, apretados entre sí, dibujaban una sonrisa malévola.

–  ¿Lantiano? – contesté haciéndome el despistado – ¡Hablas mi idioma! – le respondí.

–  No te hagas el gracioso y contéstame a la pregunta – me exigió.

Rápidamente, fui a echar mano a la espada que colgaba de mi cinturón, pero antes de poder desenvainar, tenía en mi garganta la hoja afilada de otra. Zoll era muy rápido.

–  Échala al suelo y retrocede – dijo y, mientras le obedecía, volvió a preguntarme lo mismo – ¿Dónde vas?

Me quedé helado, jamás me habían amenazado con un arma de verdad. En los entrenamientos, usábamos espadas de madera y yo nunca había destacado en el combate cuerpo a cuerpo.

Subió la espada hacia mi cara y me hizo un corte en la mejilla, a la vez que me amenazaba…

– ¡¡Si no me contestas, te mataré!!

De repente, sonó el chasquido de una rama, con lo que Zoll miró hacia atrás y, como si una fuerza me invadiera, le empujé y le lancé una patada en el pecho tan fuerte que le hizo volar a ras de suelo hasta estrellarse en unos árboles situados a unos 50 metros. Me quede asombrado, no tenía control sobre mí, aquella energía brotaba de mi cuerpo pero no podía controlarla.

Con Zoll inconsciente en el suelo, me di cuenta de quién me había dado la oportunidad de salvarme: Era Ixchell, mi compañera de estudios y de entrenamientos y una gran amiga desde que éramos muy jóvenes.

Corrió hacia mí, cogió mi mano y fuimos a toda prisa hacia mi Ziú. Por suerte, el monoplaza en el que Ixchell había llegado no estaba lejos, lo que reafirmaba la sospecha de que me había seguido desde que salí de la ciudad. Nos marchamos de allí tan rápido que no me dio tiempo ni a darle las gracias.

Una vez aterrizamos en nuestra ciudad, fuimos hacia la casa de Zell, padre de Ixchell, jefe de la guardia de la ciudad y profesor de lucha, para informarle de lo sucedido.  Por suerte, su hija lo había presenciado  todo, fue un gran apoyo para mí, si no, no me habrían creído. Debía recordar preguntarle qué hacía allí, cuando tuviéramos un segundo.

Una vez contamos todo lo que habíamos visto, hizo llamar a Aztell, gobernante de Atlántida.

–  Padre, ¿Zoll no estaba muerto? – dijo Ixchell.

–  ¿Seguro que era él? – dijo Zell

–  Seguro… esa cara no se olvida tan fácilmente – dijo Ixchell. Después, agachó la cabeza y añadió susurrando… –  La cara del traidor de la familia no se olvida…..

capítulo II

 

Continuará…..

02/07/12

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comentarios
  1. thrull6 dice:

    Os agradecería por favor que dejarais algún comentario …..

  2. Mimi dice:

    Habrá que esperar a la segunda entrega, a ver si sabemos algo más del traidor de la familia 😛
    Notimisterio, te deseo un gran exito en esta nueva experiencia.

  3. June dice:

    Lo prometido es deuda. Ya me lo he leido y…¡¡¡ ME HA ENCANTADO!!!! Está muy bien narrado y tiene fuerza. Espero la segunda entrega con ganas.

  4. Anónimo dice:

    La verdad que está muy bien, ya me he kedado intrigado, me gusta la historia, ánimo

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