Asesinos en Serie – ALBERT FISH

Publicado: 26 julio, 2012 de ryoga13 en Crimen

Mirad la fotografía que tenéis al lado del texto. ¿Podríais desconfiar de la persona que aparece en ella? Un abuelo de unos 65 años, de pacifica apariencia, tímida mirada y pelo canoso. Frágil y cansado. Abstemio, amable y religioso. Se trata de Hamilton Fish, aunque él quería que le llamasen Albert, para huir de un apodo que le pusieron de pequeño, el de “Ham & Eggs” (Huevos con Jamón). La historia sin embargo, usaría otros apodos para el, siendo los mas conocidos “El hombre gris”, y sobre todo, “El vampiro de Brooklyn”.

Según su informe psiquiátrico, el Sr. Fish sufría trastornos relacionados con sadismo, masoquismo, castración (incluso auto-infligida), exhibicionismo, voyerismo, pedofilia, coprofagia, fetichismo, canibalismo y hedonismo extremo. Un angelito el tipo…

Fish nace en 1870, en Washington DC, en el seno de una familia con un largo historial de enfermedades mentales. Sin ir más lejos, su madre oía voces y sufría alucinaciones. Dos de sus tíos estaban internados en centros psiquiátricos. Aparte de tener un hermano alcohólico y otra hermana perturbada.

Tras morir su padre cuando el tenia 5 años, y viéndose incapaz su madre de hacerse cargo de él, ingreso en un orfanato. Allí sufriría continuos castigos físicos y todo tipo de vejaciones. Con el tiempo, descubriría su atracción por el dolor físico.  4 años después, su madre le saco del lugar, pero su mente ya estaba irremediablemente trastornada. Con 12 años empezó a tener relaciones homosexuales y a practicar coprofagia y urofagia (puaghh). El mismo se castigaba, auto-mutilándose, frotándose desnudo el cuerpo con rosas con espinas, prendiendo fuego a bolas de algodón impregnadas en alcohol, que previamente se había introducido por el ano, e incluso clavándose agujas en sus órganos genitales (solo tenéis que ver la radiografía, sacada después de su muerte, en la que se ven claramente las agujas). En esa época empezó a coleccionar recortes de prensa sobre asesinos en serie (sintiendo predilección por los casos de canibalismo). Poco después, empezaría a prostituirse y violaría a su primer niño.

En 1890 llegara a Nueva York. Allí comenzaría a violar muchachos jóvenes (muchos de ellos menores de 6 años) de forma sistemática. En 1898 se caso, por mediación de su madre, con una mujer 9 años menos que él. Con ella tendría 6 hijos. Fish comenzó a trabajar como pintor de casas, lo que le servía para acechar a sus victimas (normalmente afroamericanos o de clase social baja). Llego a admitir la cifra de 100 violaciones. Además, frecuentaba constantemente prostíbulos en los cuales pagaba por ser azotado.

Tras abandonarle su mujer en 1917, fue cuando lo poco que tuviese cuerdo se trastorno en su cerebro. Fish comenzó a escuchar voces y a tener comportamientos aun más bizarros. Sus hijos contaron como en ocasiones le vieron subir a una colina cercana a su hogar, gritando con el puño en alto: “¡Soy Cristo!” (Serán cosas mías, pero si fuese hijo suyo, me preocuparía…). En otras ocasiones, diría que escuchaba a San Juan Apostol, el cual le decía que debía lavar sus culpas a través del sufrimiento (personalmente, creo que escuchaba lo que quería oir…). También recuerdan sus hijos como su padre proponía juegos a ellos y a sus vecinos en los que al perder, se sufría un castigo físico, que consistía en golpear con una pala en el trasero al perdedor. Curiosamente, siempre perdía Fish… ¿casualidad? (lo que tenia es mucho vicio…).

Fue en julio de 1924 cuando trataría de secuestrar a su primera niña. Se trataba de Beatrice Kiell, de 8 años. Le daría dinero a cambio de que le acompañase para ayudarle a buscar ruibarbos en un campo cercano. Por suerte, su madre se dio cuenta y ahuyento a Fish antes de que se pudiese llevar a la niña. Incluso fue descubierto esa misma noche escondido en el granero de la familia Kiell.

La próxima vez seria mas sútil. Mirando el periódico encontraría el anuncio de un joven de 18 años, Edward Budd, que contaba que quería progresar en su vida, trabajar y así contribuir con los gastos de su casa. Contaba que vivía con sus padres y con cuatro hermanos. Ese mismo lunes se presentaría ante su puerta, diciendo llamarse Frank Howard. Decía ser un granjero y que venia en relación al anuncio de trabajo. Su aspecto ya era de un hombre mayor, de pelo cano y con un rostro amable y apacible. Delia Budd, la madre de Ed, no desconfio, y mando buscar a su hijo. Al estar frente a frente con el, Fish no dejo de expresarle que le veía fuerte y muy crecido para su edad. Que le parecía justo la persona que él estaba buscando. Tras negociar el salario (15$ a la semana), el joven acepto de buena gana el empleo, quedando a la espera de que fuera llamado.

Aparecería la semana siguiente por la mañana por la casa de los Budd, llevando fresas y queso fresco, supuestamente elaborados en su granja. Delia Budd se mostro encantada con los presentes, y le invito a desayunar con la familia. Fue allí donde conoció a Grace, de 10 años. Desde el momento que entro en el cuarto, no aparto su mirada de ella. En repetidas ocasiones la comparo con una sobrina suya, que tendría la misma edad. De hecho, cuando estaba a punto de marcharse, le dijo a su madre que esa misma tarde su sobrina tenia una fiesta, y le propuso llevar a la pequeña Grace, prometiendo llevarla de regreso antes de las nueve. Pese a las dudas de la señora Budd, Fish fue capaz de convencerla, y tras abrigarla bien, la vio partir junto al anciano. Seria la última vez que vería a su pequeña.

La familia paso la noche en vela, esperando el regreso de Grace, confiando en que, debido a cualquier imprevisto, la fiesta se hubiese alargado y la niña se hubiese quedado a dormir con la sobrina del señor Howard. A la mañana siguiente, enviaron a Edward a investigar la dirección que les había dado Fish, para encontrarse con que no existía tal lugar. Fue rápidamente a denunciar a la policía, y se inicio una búsqueda exhaustiva de la pequeña Grace, que desgraciadamente no tuvo resultados.

Seis años pasaron de los sucesos que rodearon a la desaparición de Grace Budd. A falta de solamente cuatro semanas para que se diera por cerrado el caso, sucedió algo verdaderamente sobrecogedor. Delia Budd recibió una carta de Albert Fish… La carta decía lo siguiente:

“Estimada Señora Budd. En 1894 un amigo mío fue enviado como asistente de plataforma en el barco de vapor Tacoma, siendo el Capitán John Davis. Viajaron de San Francisco a Hong Kong, China. Al llegar allí, el y otros dos marinos desembarcaron y se fueron a emborrachar. Cuando regresaron, el barco había zarpado. En aquel tiempo había hambruna en China y cualquier tipo de carne costaba de 1 a 3 dólares la libra. Tanto era el sufrimiento de los pobres, que los niños menores de doce años eran vendidos como comida con el propósito de que los demás no murieran de hambre. Un chico o chica menor de catorce años no estaba seguro en las calles. Usted podía entrar a cualquier tienda y pedir carne, costillas o bistecs y al mostrador era traída alguna parte desnuda del cuerpo de un niño para que uno eligiera lo que más deseara. El trasero de niño o niña, que es la parte más deliciosa del cuerpo, era vendido como un corte fino a un precio alto. John permaneció ahí durante mucho tiempo adquiriendo gusto por la carne humana. A su regreso a Nueva York secuestro a dos chicos, uno de 7 y uno de 11 años de edad. Los llevó a su casa, donde los desnudó y los ató a un armario. Quemó todo lo que traían puesto. Varias veces durante los días y las noches los apaleó y torturó, con el objetivo de que la carne quedara buena y tierna. El primero en morir fue el niño de once años, puesto que tenía el trasero más grande de los dos: es decir, tenía la mayor cantidad de carne. Cada parte de su cuerpo fue guisada y comida, excepto la cabeza, los huesos y las vísceras. Todo él fue hervido, frito y guisado. El niño pequeño fue el siguiente y pasó por el mismo proceso. Por ese tiempo yo vivía en la 409 y la 100, muy cerca, por la parte derecha. Tan seguido me decía lo buena que era la carne humana, que me hice a la idea de que debía probarla también.”

“El domingo 3 de junio de 1928 llame a su puerta en la 406 oeste y la calle 15. Llevaba queso y fresas, tomamos el almuerzo. Grace se sentó en mi regazo y me besó. Me propuse comerla. Bajo el engaño de llevarla a una fiesta le pedí que me diera permiso, a lo que usted accedió. La conduje a una casa vacía que había elegido con anterioridad en Westchester. Cuando llegamos, le pedí que permaneciera fuera. Mientras ella recogía flores, subí las escaleras y me desnudé. Sabía que si no lo hacía de ese modo, podría manchar la ropa de sangre. Cuando todo estuvo listo fui a la ventana y la llamé. Me escondí en el armario hasta que estuvo en el cuarto. Al verme desnudo, comenzó a llorar y trató de escapar por las escaleras. La sujeté y ella dijo que le se lo contaría a su mamá. Primero la desnudé. ¡Cómo pataleó, arañó y me mordió! Pero la asfixié hasta matarla. Luego la corté en pequeños pedazos para poder llevar la carne a mi casa. Guisé su rico y delicioso trasero. Tardé nueve días en consumir todo su cuerpo. De haber querido hubiera tenido sexo con ella, pero no quise. Murió siendo virgen”.

Gracias al cielo, Delia Budd no sabía leer. Imaginarme lo que podría haber sentido una madre al leer semejante carta me produce escalofríos. Fue Edward Budd el que leyó la carta y, tras reponerse de la lectura, fue a entregarla a William F. King, encargado del caso. En principio no podían llegar a creerse que la carta fuese real, sino obra de un perturbado (en cierto modo, era verdad), pero había ciertos detalles que coincidían a la perfección con el secuestro de la pequeña. El sobre fue el que dio la pista crucial. Vieron en el un símbolo que coincidía con una asociación de beneficencia. Al personarse en el lugar, la casera reconoció la descripción del supuesto “Frank Howard”, relacionándole con un inquilino que acababa de irse, llamado Albert H. Fish. Comento la casera que había dejado dicho que esperaba una carta por parte de su hijo y la pidió que por favor se la guardase. Poco después, la mujer llamaría a King, diciéndole lo que estaba deseoso de escuchar: Albert Fish estaba esperando en la pensión para que le diera la carta. A King le falto tiempo para llegar a la pensión, y se encontró a Fish tranquilamente tomando una taza de té. Tras reconocer que él era Fish, saco un cuchillo, interponiéndolo entre él y el detective. Rápidamente King le desarmo y le arresto.

En el juicio, Fish confeso ante mas policías y psiquiatras la mayor cantidad de hechos depravados que se habían escuchado hasta la fecha. Increíbles, y sin embargo, todos y cada uno pudieron ser comprobados. Lo que era verdaderamente chocante es que el ancianito que tenían delante fuese semejante monstruo. Como confeso, en un principio, era al joven Edward a quien tenia planeado asesinar tras leer el anuncio. Tras la primera visita a la casa de los Budd, fue cuando compro las herramientas que utilizaría: diferentes cuchillos de carnicero y una sierra. Fue al ver a Grace cuando cambiaron sus planes, y en su mente fue a ella a la que deseaba matar desesperadamente. Conto detalladamente como la llevo a una construcción medio abandonada llamada Wisteria Cottage, en mitad de un bosque. La niña, como apenas había salido de su ciudad, iba feliz y contenta hacia su muerte.

Relato como el hecho de estrangularla le había provocado una tremenda excitación sexual. Como coloco la cabeza de la pequeña en una vieja lata de pintura antes de decapitarla. La desvistió y la corto por la mitad. Ese día ya se llevo consigo algunas partes envueltas en un periódico. El detective King le pregunto que porqué había cometido un crimen así, a lo que Fish respondió: “No se, jamás podría explicarlo”. Otro agente le pregunto que por qué motivo le había escrito la carta a Delia Budd, a lo que respondió que tenía una manía por escribir cartas…

Tras tenerle recluido, llego el testimonio de un conductor de tranvía, que habiendo reconocido a Fish en los medios, recordó una vez en que le llevo en su vehículo llevando consigo a un pequeño niño. Se trataba de Billy Gaffney, un niño desaparecido. Al ser preguntado por el, Fish no negó nada, y relato con pelos y señales el destino del pobre Bill. Conto como lo había llevado a una casa solitaria, cerca del lugar del secuestro. Lo que sucedió allí, es verdaderamente repulsivo. En palabras del propio Fish:

“Me hice con varias herramientas y un buen látigo. De fabricación casera. Con el mango corto. Corté uno de mis cinturones por la mitad y rajé cada mitad en seis tiras de unos veinte centímetros de longitud. Flagelé su cuerpo desnudo hasta que le brotó sangre de las piernas. Le corté las orejas, la nariz, le rajé la boca de oreja a oreja. Le arranqué los ojos. Le clavé un cuchillo en el vientre y acerqué la boca a su cuerpo para beberme su sangre. Entonces murió. Reuní cuatro sacos de patatas viejos y metí en ellos un montón de piedras. Rajé al niño. Yo llevaba una bolsa de viaje. Introduje la nariz, las orejas y algunos pedazos de su vientre en la bolsa. Luego lo corté por la mitad. Más o menos por debajo del vientre. Después le corté las piernas, a unos cinco centímetros del trasero. Guardé ese trozo en la bolsa, envuelto en mucho papel. Le corté la cabeza, los pies, los brazos, las manos y las piernas por debajo de la rodilla. Puse estas piezas en los sacos con las piedras, até los extremos y los lancé a las aguas cenagosas que se divisan desde la carretera que conduce a North Beach. Regresé a casa con mi carne. Tenía la parte delantera, la que más me atraía. Su pene, sus testículos y un poco de carne con grasa del trasero para hornearlos y comérmelos. Hice un guiso con sus orejas, su nariz y algunas otras partes de su rostro y su vientre. Añadí cebollas, zanahorias, nabos, apio, sal y pimienta. Estaba delicioso. Luego rajé los dos glúteos, corté el pene y los testículos y los lavé. Puse varias tiras de tocino en cada glúteo y los introduje en el horno. A continuación pelé cuatro cebollas y, cuando la carne llevaba un cuarto de hora asándose, vertí media taza de agua para tener algo de salsa y añadí las cebollas. Golpeaba sus nalgas a intervalos frecuentes con una cuchara de madera. Para que la carne estuviera más tierna y jugosa”.

¿Cómo se os queda el cuerpo? Si, a mi igual… Los psiquiatras del caso no pudieron menos que declararle desquiciado, diciendo que era un peligroso psicótico paranoide. La policía estimo una cifra cercana a cien victimas de los crímenes de Fish. El propio Fish las cifraba en cuatrocientas. Su juicio duro diez días, y Albert Fish fue sentenciado a la pena capital en la silla eléctrica. Tras saber su sentencia, Fish diría: “Yo no soy un demente, solo un excéntrico. A veces ni yo mismo me comprendo”. Añadiendo después: “Qué alegría morir en la silla eléctrica. Será el último escalofrío, el único que todavía no he experimentado”.

El 16 de enero de 1936 fue llevada a cabo la sentencia. Al sentarse en la silla sus ultimas palabras fueron: “No sé aún por qué estoy aquí”. En la primera descarga, hubo un cortocircuito, producido por la infinidad de alfileres que llevaba en el interior del pubis (ver la foto mas arriba). Le aplicaron otra descarga, aun mas potente que la primera, acabando con la vida de uno de los asesinos mas sádicos y repugnantes que ha tenido la humanidad.

Solo pudieron demostrar 15 crímenes, pero W. King listo que, entre asesinatos y violaciones, la cifra efectivamente, se acercaba bastante a los 400.

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comentarios
  1. L. Elena H. G. dice:

    Un personaje totalmente desquiciado con una mente impregnada de maldad y de sentimientos negativos que lo condujeron a realizar esta infinidad de asesinatos sin tener control alguno de sus acciones.

    • NheFenix dice:

      En realidad no creo que supiera algo sobre actuar bien o mal. Solo le daba hambre y tenía preferencia por la carne humana infantil. Se excitaba con el dolor y se lo proporcionaba.. A su modo de ver, solo se daba gusto, murió sin saber, por qué lo condenaron a la silla..

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