Crónicas de una vida ; Capítulo II

Publicado: 13 diciembre, 2012 de muggythrull en Relatos

Crónicas de una vida

capítulo I

Capítulo II

Raro. Me sentía raro. Liviano. Como una pluma. Mi cuerpo caricia de peso, de consistencia. Incorpóreo seria la palabra exacta. A mis pies, podía contemplar mi ciudad, Atlántida, como si estuviese sobrevolándola. Desde allí, veía mi casa, los jardines de la pirámide, el reflejo del sol amaneciendo a lo lejos sobre el mar…. La verdad es que nunca había admirado la ciudad desde esa perspectiva.

 Comenzaba un nuevo día y algunas personas salían de sus casas para hacer sus tareas cotidianas. No tenía control alguno sobre mi cuerpo, era un mero espectador, me estaba moviendo alrededor de la ciudad, hasta que llegué a situarme encima de la pirámide. De ella salían Zell y Aztell. Se dirigían hacia mi casa, con caras de preocupación, algo que no me sorprendía, tras lo ocurrido el día anterior.

 Al llegar a la puerta, Ixchell estaba esperándolos. Quise gritarles para que vieran lo que estaba haciendo, pero no me salía la voz, llevando la mano a la garganta solo me salían carraspeos. De repente, empecé a notar  un calor extraño en la espalda, un sudor frío recorría todo mi cuerpo, la vista se me nublaba. Empecé a tranquilizarme cuando oí una dulce voz en mi cabeza……


–  Cariño, han venido a buscarte – me susurró nerviosa  mi madre.

Abrí los ojos rápidamente (¿realmente los había cerrado?). El mundo cobraba forma. Agarré con fuerza la sábana, más que nada por tomar conciencia de mi propia presencia física. Noté la mirada preocupada de mi madre. Estaba sudando. ¿Fue todo un sueño? Juraría que todo lo que había visto era real. Solo había una manera de comprobarlo: Que los que me hubiesen venido a buscar fuesen Zell, Aztell e Ixchell.

Tras darle un beso de buenos días a mi madre y, esbozando una media sonrisa, darle las gracias por avisarme, bajé corriendo las escaleras, pero en el salón sólo me encontré con Zell y Aztell. ¿Dónde estaba Ixchell?”

–  Ven con nosotros Tull, tenemos algo que contaros – dijo Zell.

Salimos de mi casa y ella estaba fuera esperando. No sé si era porque los primeros rayos de sol hacían que su cara se iluminara o porque estaba todavía soñando, pero Ixchell estaba esa mañana preciosa. Su pelo rojizo y sus ojos azules brillaban con una hermosura sublime.

 Caminando hacia la Pirámide, Ixchell me contó que me había seguido el día anterior porque quería hablarme de algo raro que la estaba ocurriendo. Tenía unos sueños muy raros. En unos, parecía que volaba sobre la ciudad, en otros, veía gente herida y muerta en lo que parecía un campo de batalla.

 La conversación se interrumpió cuando entramos en una sala de la Pirámide en la que no habíamos estado nunca y de la que nunca había oído hablar y, por la cara de sorpresa de Ixchell, ella tampoco. La sala era cuadrada, con paredes metálicas, de las que colgaban cuatro monitores a ambos laterales de la entrada, que mostraban datos del planeta y del continente en el que nos encontrábamos. Era de color gris, con el suelo de rejillas metálicas a través de las cuales se podían ver  una serie de cables y tuberías. Era como si hubiésemos accedido a otro lugar, con un ambiente totalmente diferente al que se respiraba en el resto de la Pirámide. No había ni rastro del color piedra marrón predominante fuera.

 Una esfera azulada del tamaño de una sandía flotaba en el centro de la sala a un metro del suelo. Aztell se acercó, puso la mano izquierda sobre ella y de un haz de luz que salía del suelo, apareció una pantalla virtual. Zell se situó frente a ella y empezó a interactuar hasta que, de pronto, apareció una foto de Zoll.

Era como una ficha técnica. Había muchos datos de toda su carrera  y de  su vida. Para que os hagáis una pequeña idea, era algo así:

Nombre: Zoll de Khapollia.
Familia: Zell de Khapollia (hermano), Ixchell de Khapollia (sobrina).  
Estado: Soltero, sin hijos conocidos.
Rango: Comandante, creador de las Alianzas con los pueblos de Pandra y Anún.              
Edad Lantiana: 65 años.
Edad terrestre: 8.000 años aproximados.
Situación actual: desconocida.

De repente, algo cambió en la pantalla. Un ser de color gris, con grandes ojos negros y una cabeza de tamaño desproporcionado para el cuello que tenía, apareció.

 No era de una raza conocida por mí. Solo habían tenido contacto con las dos razas aliadas (los pueblos de Anún y Pandra, de raza humana como nosotros o los terrícolas) y no era de ninguno de esos pueblos. Miré a Zell y a Aztell y no estaban sorprendidos, en cambio, Ixchell estaba como yo, desconcertada. Le cogí la mano y note cómo su pulso se aceleraba cada vez más, nos miramos, me regaló una sonrisa y fue calmándose poco a poco.

–  ¡¡ Saludos Lantianos!! , acabamos de llegar a vuestro satélite,-  dijo el extraño ser.

Aztell y Zell le devolvieron el saludo a la vez que se inclinaban haciendo una reverencia.

En ese preciso momento, Zell se giró hacia nosotros y nos invitó a que abandonáramos la sala.


–  Id al patio de la entrada y esperadme allí – dijo Zell.

Caminamos por los pasillos sin pronunciar palabra alguna, sin mirarnos, fijándonos en las indicaciones de la salida, porque  cuando entramos íbamos  hablando y no nos habíamos fijado.

 Nos cruzamos con dos soldados que hacían su guardia y al vernos algo perdidos nos terminaron escoltando a la salida. Una vez allí, Ixchell empezó a hablar sin yo preguntarle nada.


–  Hace dos días, a mi casa vino Cásterell, ¿sabes quién te digo?,  ¿el padre de Iria?, ¿el que trabaja en monitorización estelar? me preguntó.

–  Sí, sí – le contesté afirmando con la cabeza.

–  Pues bien, – continuó – Por las prisas en entrar, olvidó cerrar tras de sí la puerta del estudio de mi padre, con lo que pude escuchar como “Cast” le contaba que habían registrado una pequeña nave en el radar. Habían mandado un Ziu no tripulado a no sé qué coordenadas para averiguar todo lo posible. Descubrieron que esa nave era Virii y que se había posado en la Luna.

De momento, estaba solo allí, parada y no había habido más movimientos. Mi padre le dijo que le mantuvieran informado y que activaran a los guardianes.

 

–  Ummmmm – musité mientras me rascaba la cabeza. – Guardianes. ¿Que son esos Guardianes? ¿Sabes qué significa? – le pregunté

 – Nada, he estado investigando, pero no he encontrado nada – contestó Ixchell.

 – Puede que sean esos seres que acaban de llegar – añadí en voz baja.

 –  Pero si esos seres acaban de llegar a la Luna, ¿dónde está la otra nave? – preguntó Ixchell.

En ese preciso momento, como aparecido de la nada, hizo acto de presencia Zell.

–  ¿Supongo que queréis respuestas? – dijo Zell

Como respuesta a su pregunta, los dos asentimos con la cabeza. Acto seguido, puso su mano derecha en mi hombro derecho y su mano izquierda en el hombro izquierdo de su hija. Una potente luz, bajó de entre las nubes, nos cubrió a los tres y acto seguido  estábamos en una nave. Era la nave que acababa de llegar, la que estaba en la Luna. Había un gran ventanal desde el que se veía la superficie lunar y parte de la Tierra.

 El Ser gris de antes vino a recibirnos. Sin pronunciar palabra alguna, Zell lo siguió. Viendo que nosotros nos quedábamos allí quietos, el Ser se giró, y una voz sonó en mi cabeza.

 – ¿Os vais a quedar ahí quietos? – escuché perfectamente.

 

Miré a Ixchell, extrañado, ella, me sonrió, agarró fuerte mi mano y comenzamos a seguirles.

Caminábamos por los pasillos de la nave mientras observaba todo a mí alrededor. Estaba totalmente maravillado con la hermosura del lugar. El suelo era de un color gris claro, mientras que las paredes y las puertas eran blancas. También podía ver como algunos seres muy parecidos a nuestro nuevo amigo, salían de algunas salas, salas que permanecían cerradas. Encima de cada puerta, había un recuadro negro con extraños símbolos. Más tarde, averiguaría que esos símbolos eran nórdicos.

Tras haber estado un rato paseando por la nave y sin haber soltado la mano de Ixchell en ningún momento, nos paramos frente a una puerta, esta vez, de cristal translucido y de color azul.

Al entrar, otros dos seres nos esperaban. Ambos se acercaron a Ixchell y a mí nos cogieron de la mano y nos acompañaron a unos asientos que había en el centro de la sala. Ella, me hizo un gesto para que mirara hacia la pared que habíamos dejado atrás, junto a la puerta. Nuestro amigo, estaba allí, situado sobre una pequeña plataforma donde tenía un montón de mandos de control.

Zell, vino hacia nosotros, se sentó en una  de las sillas y nos invito a que hiciéramos lo mismo.

–  Sentaos chicos, hablemos de los Guardianes – dijo el Ser…….

 

capítulo III

continuará…. 13/12/12

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